Livio Pastorino

Dos veces al dia: el "chiquito" que compensaba la dureza del ballenero

Revista Placeres edición No 31, agradeciendo por la oportunidad.

Los bailes, los cantos y las peleas ocasionales anunciaban que el pisco estaba corriendo. Al consultar algunos libros sobre el pisco, me reencontré con las obras de Herman Melville (1819- 1891), uno de los grandes escritores estadounidenses del siglo XIX y autor de Moby-Dick (1851). Melville navegó durante más de un año y medio en un
barco ballenero y, desde 1844, comenzó a escribir novelas inspiradas en sus experiencias a bordo.

Hay dos obras en las que menciona el pisco como parte de las rutinas de los balleneros en alta mar, reflejando también
la presencia del destilado peruano en las costas del Pacífico Sur. Una es Las Encantadas, publicada por entregas en
1854 y reunida en The Piazza Tales en 1856. Allí, el pisco interviene indirectamente en el rescate de una mujer peruana
de Paita, Piura, en la «Imagen Octava: La isla de Norfolk y la viuda chola».

La otra es Omoo, publicada en 1847 y ambientada en los mares del Sur. En ella, Melville relata la vida a bordo de un ballenero y describe una costumbre destinada a mantener contenta a la tripulación: dos veces al día recibían una cantidad de pisco que el mayordomo servía al pie del cabrestante, en pequeñas medidas de lata llamadas tots,
traducidas en algunas versiones como «chiquito». Es en Omoo donde el pisco aparece con mayor frecuencia. En una
nota al pie, Melville explica que el licor toma su nombre de una importante ciudad del Perú donde se fabrica en grandes
cantidades; señala además que era conocido en toda la costa occidental de América del Sur, desde donde se exportaba
a Australia, y que era una bebida barata.

En otro pasaje, el narrador acaba de subir a bordo del ballenero Julia. El capitán le ofrece un vaso de pisco y luego comienza el proceso para incorporarlo a la tripulación. Más adelante, al describir las pésimas condiciones del barco —
alimentación deficiente, enfermedades y falta de alimentos frescos—, Melville señala que había algo que, a juicio de
los marineros, compensaba esas carencias: «la ración regular de pisco». La frase resulta reveladora. El pisco no aparece
como un lujo excepcional, sino como una parte habitual de la vida de los marineros y una compensación frente a las
duras condiciones de navegación.

En el capítulo XII, Melville vuelve sobre esta costumbre: la tripulación recibía regularmente, dos veces al día, una
determinada cantidad de pisco que el mayordomo distribuía en el cabrestante, utilizando pequeñas medidas de
estaño llamadas tots. También cuenta que los balleneros de Sídney, Australia, mantenían la antigua costumbre de llevar
pisco como parte de las provisiones regulares del viaje. Este dato tiene especial valor documental. Melville no se limita a señalar que el pisco se bebía en el Perú: evidencia su circulación internacional y su incorporación a las provisiones
de los balleneros que navegaban por el Pacífico.

El tot adquiría, además, un significado cultural. Para un marinero, conseguir su querido «chiquito» podía justificar
casi cualquier precio. Era mucho más que una simple medida: representaba una costumbre arraigada en el mundo
marinero. Melville también describe las botellas del sábado por la noche: dos botellas bajaban al castillo de proa, una
para cada guardia, y el marinero más antiguo de cada grupo tenía el privilegio de repartirla y hacer los honores.

Así aparecen dos formas de consumo:la ración ordinaria de pisco, dos veces al día, y el consumo colectivo extraordinario
de las botellas del sábado por la noche, asociado a la celebración semanal. Incluso los marineros enfermos recibían
sus respectivos tots de manera «convivial», es decir, también con un carácter social y no únicamente medicinal. Los
relatos de Herman Melville ofrecen, en suma, un testimonio singular sobre la presencia del pisco en la vida cotidiana de los balleneros y sobre su circulación por las rutas del Pacífico durante el siglo XIX. Un pequeño «tot» que terminó
formando parte de la cultura marinera internacional. Disfrute del pisco con responsabilidad.

¡Hasta la próxima!

Por Livio Pastorino Wagner
Sommelier, Especialista y Catador de Pisco
Registro: CRDO-PISCO RCO-034-2011
@elmagozurdo

Fuente: Herman Melville,
Obras completas, tomo II.

Revista Placeres No. 31 septiembre 06 del 2026

Pisco y música

 

¡Donde el pisco es el único protagonista!
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